A FONDO CON ÁLVAREZ 

Por Juan Cruz Mathus

Alberto Álvarez Nicholson se adjudicó su décimo título a nivel nacional como copiloto. En la siguiente entrevista nos cuenta sus impresiones acerca de este significativo logro deportivo.

La obtención de tu décimo título como navegante en el campeonato COPEC RallyMobil llegó junto a Jorge Martínez en circunstancias de pronto algo inesperadas luego de lo ocurrido en La Unión-Río Bueno. Pese a eso, imaginamos que para ti este logro no tiene menos valor que otros.

-Si bien la noticia de que ya nos habíamos consagrado llegó en un momento complicado para Chile como país, no precisamente alegre, tampoco niego que el valor de esta nueva corona es alto por el nivel que ha venido adquiriendo la categoría, por los autos que estamos corriendo, el alto grado de competitividad evidenciado por todos, por haber incluido un mundial en el calendario por primera vez y por cómo se fue dando este torneo en cuanto al interés del equipo Škoda Conveyor Belt Technology para que desde 2019 nos sumáramos a sus filas.

Diez no solamente es un número redondo, sino que es muy alto cuando nos ponemos a pensar que corresponden a campeonatos ganados profesionalmente. ¿Cómo lo viviste en comparación al primero o a cualquier otro de esta decena alcanzada?

-Es sin dudas especial. La calidad de copilotos con las que nos medimos hoy en día es muy alta, así que haber sumado esa cantidad no es algo habitual, sino que me deja bien parado frente a otros colegas a los que admiro. El primero fue en 2005 cuando éramos jóvenes y todavía teníamos poca experiencia. Éste, en cambio, nos encuentra en una etapa diferente de nuestras vidas, más maduros, con más camino recorrido: Jorge con una familia formada; yo habiendo afianzado mi otra profesión como periodista. Nunca olvidaremos aquel cetro sobre un Mitsubishi Lancer, pero también es cierto que ahora capitalizo mejor lo mucho que me empezó a enseñar Walter Suriani cuando empecé a competir con él en Argentina, sus consejos tanto arriba como abajo del auto. El éxito actual va muy de la mano de todo eso y ligado a un modelo tan bien valorado a nivel mundial como es el Fabia R5. 

-¿Qué tuvo como puntos más sobresalientes esta temporada 2019 (a falta de una competencia), que de repente no hayan tenido otras en las que igualmente fuiste campeón nacional?

-Me parece que esta temporada quedará para la historia por diversas razones. Hay 15 máquinas de la clase mayor. Fue la primera vez que Chile tuvo un rally mundial. El campeonato alcanzó niveles récord de difusión en los medios en general y aumentó su exposición televisiva, incluyendo transmisiones en vivo. Las partes involucradas en el rally de otras regiones del mundo observan lo que pasa en RallyMobil fecha tras fecha. Como categoría, estamos indiscutiblemente en el candelero internacional, tal como lo demuestra la calidad de vehículos y profesionales que nos rodean. Teníamos la presión de estar en una excelente estructura y en un auto que muchos suponían que era aquél que había que batir, así que -en lo personal- haber quedado delante de nombres de fuste como Rubén García, Marc Martí, Santiago García y tantos otros, solo puede ser considerado como un honor. 

-¿Cuáles fueron los aspectos que destacarías entre aquellos que llevaron a Jorge Martínez, a tí, al Fabia y al equipo CBTech a ser los dominadores netos ya desde mediados del año deportivo?

-Arrancaría atribuyéndole una parte del cometido al balance conseguido entre el ordenamiento impecable del equipo, al Škoda por su elevadísima confiabilidad y al director Javier Montero, que marcó correctamente las pautas y nos dio la tranquilidad y el apoyo como para que nosotros nos dedicáremos a explotar el óptimo rendimiento del Fabia y a disfrutarlo. Sumaría también el buen momento deportivo, físico y emocional de mi piloto y la experiencia que hemos ido recogiendo juntos y claro que un factor de suerte al no haber sufrido problemas técnicos en absoluto. Llegamos a la primera competencia en Los Ángeles con pocos ensayos previos y sin conocer mucho las reacciones de una unidad nueva para nosotros, más allá de que pudimos subir al podio. En Concepción, una piedra rompió una manguera. Por lo demás, todo salió como esperábamos y eso marcó la diferencia. 

-¿Cómo analizas tanto la realidad del torneo RallyMobil en su vigésimo año de vida como este flamante tránsito de Chile dentro del calendario mundial la prueba en le región del Biobío en mayo pasado?

-La realidad de RallyMobil está a la vista. Los referentes sudamericanos de este deporte nos miran. Ya se sienten los 20 años de historia, el apoyo de una empresa fuerte y leal como COPEC, una productora que sabe bien lo que tiene que hacer para  apostar y de invertir en el campeonato y que con mucho tesón ha traído a tierra chileno hasta una prueba válida por el certamen mundial. Quizás estemos en el mejor momento, más allá de que se nos vienen desafíos importantes por las instancias que está atravesando el país. Agrego que soy muy optimista en cuanto a la llegada regional de la clase Junior, pues eso abrirá nuevas fronteras, conoceremos talentos jóvenes que se esforzarán por llegar al premio de ser campeón y que será un semillero de enorme importancia. Siempre quedan detalles por mejorar, pero ya sería muy bueno mantenernos en este nivel. Los libros de ruta son más precisos ahora que hace diez años, se habla acerca de la posibilidad de correr alguna vez en Perú o Argentina, así que se vienen tiempos tan productivos o más que los que hemos desandado hasta ahora.   

-Después de tantos años, ¿es positivo o monótono estar tanto tiempo -incluso venciendo- junto al mismo piloto?

-Seguimos aprendiendo rally a rally, sin creernos los mejores y proponiéndonos nuevas metas. Está claro que con códigos y respeto en nuestra convivencia es posible preservar un buen desempeño arriba del coche después de tantos años. A veces nos sentimos como dos niños que no paran de disfrutar de hacer esto que tanto nos gusta y festejando como al principio cada tramo ganado. Nos conocemos tanto que sabemos cuándo uno está bien o mal y nos podemos brindar apoyo mutuamente en función de eso.

-¿Qué es lo que más disfrutas de tu labor como copiloto?

-Disfruto de saber que cada día más se valora la importancia del navegante, de comprobar que vengo en tiempo mientras leo las notas, cuando somos los más rápidos en un especial, cambiar una rueda porque ahora existes un crique tan bien hecho para levantar el auto o una pistola neumática para las tuercas que es casi un placer poder ponerse manos a la obra. Son cosas que a lo mejor antes no disfrutaba. Me da gusto cuando puedo tomarme unos segundos para ver cómo conduce Martínez y ser consciente de que él confía en mí plenamente hasta para detalles como tenerle listo el casco, los guantes o una botella de agua mineral antes de largar un parcial o de ser el fusible para él cuando está nervioso por algo y recibe de mi parte una palabra de aliento.   

Siendo que en tu vida diaria también incursionas en el ámbito del periodismo especializado en deporte motor, ¿cómo fue que surgió en tu vida el camino que te llevó a ejercer estos dos roles?

-Entre mi niñez y mi adolescencia pensaba más que nada en estar todo el tiempo con una pelota. Eso fue hasta que conocí a Santiago De Rioja. Su padre, Juan Carlos, era navegante de un piloto cordobés radicado en la Patagonia argentina, Osvaldo Lovagnini. Fui a ver una Vuelta de la Manzana y quedé prendido para siempre. Inmediatamente, dije que lo quería hacer en lo sucesivo tendría que ver con el automovilismo. También me gustaba mucho el periodismo deportivo y por mi vinculación a un colega que ya era líder en la zona donde yo vivía, Carlos Graziosi, a los 14 años ya me encontraba relatando carreras por LU5 Radio Neuquén. Mientras viajaba al Campeonato Argentino, mezclaba las tareas relacionadas con la comunicación social, con mi interés por observar las hojas de ruta y las tareas de los copilotos. Preguntaba, aprendía y soñaba con competir activamente. Fueron senderos que se surcaron a la par. Tiene la ventaja de que, al estar sobre un vehículo de competición, nos brinda herramientas valiosas para contar de una manera especial y objetiva lo que sucede. 

-¿Cómo definirías, desde el plano técnico, a los coches R5 que desembarcaron hace poco en el país, pero que tanto éxito tienen a lo largo y ancho del planeta?

-A mí me gusta decir que los R5 son como un “mini-World Rally Car”. Hacen todo bien porque están totalmente desarrollados por las fábricas, que hoy por hoy, de las que apostaron a este concepto, son varias. Un R5 es como un pura sangre. El chasis es extraordinario, frena muy bien, su caja de velocidades secuencial es formidable, lo mismo que sus medidas de seguridad. Su tecnología nos permite gozar a bordo y al público apreciar su paso al costado de la ruta. Es un gran acierto reglamentario porque son lo mejor a los que muchos pilotos alrededor del mundo pueden acceder en relación costo/beneficio.

-¿Cómo es un día en tu vida diaria en cuanto a horarios, tareas y rutinas, ya sea cuando estás en carrera en algún lugar como cuando estás en Santiago fuera de un rally?

-Cuando no vamos a las carreras, durante la semana divido mis días entre la producción periodística y ejecutiva de mis programas de automovilismo (CDO Motor y Km. 1). Los dejamos listos los martes. Me gusta hacer algo de gimnasia, especialmente andar en bicicleta. Cuando todos podemos, solemos salir a pedalear con Martínez y Montero. Como me encanta el fútbol, consumo muchos programas de televisión de esa materia, sobre todo a la noche. A veces me entusiasmo con alguna serie, pero partidos es lo que más veo. Hablo mucho de fútbol con mis compañeros. Lo que no es negociable es el mate con bizcochos pasada la media tarde; tanto mejor si lo hago mirando la cordillera. La música me atrae, en particular el folklore argentino, género que me vio grabar cinco discos con amigos. En pleno rally, las jornadas son más metódicas. Me levanto muy temprano. Paso la hoja de ruta, me concentro, miramos con Jorge cámaras a bordo para sacar alguna conclusión. Es a esta actividad a la que debo agradecerle la posibilidad de descubrir lugares hermosos, conocer en su momento a María Ignacia, la mujer que se cruzó de un modo especial en mi vida, la que permitió que Suriani me haya recomendado con Jorge después de enseñarme cuestiones esenciales de esta disciplina y a apreciar que mi familia y mis amigos siempre estén dispuestos a sobrellevar esos días en los cuales estamos ausentes lejos de casa.