ENTREVISTA – MARTÍN ETCHEVERRY

Martín Etcheverry nació en Osorno el 19 de diciembre de 1991. Empezó en esto del Rally a los 22 años como navegante de su padre Ignacio en cinco fechas del campeonato Copec RallyMobil, dentro de la clase N3 un Mitsubishi Lancer RT.

Después de un accidente del que resultaron ilesos en La Serena, en 2015 Martín fue copiloto de Vicente García Huidobro sobre un Citroën DS3 R3. Contemporáneamente, fue un joven jefe de equipo en la escuadra Entel Experia, donde corría, por ejemplo, su hermano mayor Tomás, peleando el cetro con uno de esos Citroën.

Luego, Martín quedó demasiado entusiasmado con la adquisición por parte de su padre de un Ford Fiesta R2, ganándole con su insistencia para que se lo preste para debutar como piloto, cosa que ocurrió en Avosur en el Rally de Purranque de 2015. Siendo amigo de Sebastián Vera, éste le había prometido que lo navegaría cuando llegara ese momento y cumplió con su palabra. Etcheverry demostró condiciones y debutó con un triunfo en su clase.

En 2016 hizo dos fechas RallyMobil junto a César González. 2017 fue una temporada más cargada de eventos con el Fiesta R2, ya que hizo seis fechas nacionales (no largó la primera en Pichilemu ni la última, el Motorshow) y las de Avosur. El balance del año fue más que positivo, ya que el osornino, que hacía equipo con su coterráneo y amigo Facundo Opawsky, se proclamó campeón chileno en R2 Lite con triunfos en Los Ángeles y Vicuña, un segundo puesto en Valparaíso, un tercero en Frutillar y un sexto en Rancagua. Se calzó la corona anticipadamente.

Al margen de haber demostrado un buen grado de velocidad al volante, durante 2018 Etcheverry condujo el auto 00 en Concepción en el Evento Candidato FIA y en 2019 en ocasión del Copec Rally Chile por el Campeonato del Mundo.

¿Cómo recuerdas esa experiencia, que más que un gusto como es correr en autos fue un trabajo con bastante responsabilidad?

Para mí fue algo extraordinario porque me enseñó todo el movimiento tan intenso y que no siempre se observa mucho antes de la disputa de un tramo. Es como apreciar tras bambalinas cómo va tomando forma un evento de esa magnitud. Hay toda una labor de seguridad que hacen más o menos cinco autos antes que nosotros, que estábamos muy en contacto con la Responsable de Seguridad de la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) para la categoría, que es la francesa Michèle Mouton. Fue muy interesante trabajar con ella y su gente por la experiencia que tienen en la materia y, como piloto, también me sirvió para apreciar lo que se hace un buen rato antes de que nosotros pongamos primera en una prueba especial.

La presión de los horarios y el hecho de no equivocarse en la percepción de que todo esté a salvo se siente, ¿cierto?

Sí, se siente porque hay que estar muy atento a todo, especialmente a la ubicación del público o a que no haya vehículos mal estacionados o transitando por el tramo ni a favor ni contra el sentido de la carrera. A veces, en tramos largos, como de 30 kilómetros, ella no llega a terminar e igualmente te pregunta por radio cómo está todo, así que junto a Facundo aprendimos lo difícil que es que no se pasen detalles tan importantes. Aprendimos de ella a manejar situaciones donde había que tener tolerancia y otras en las que no.

Sabiendo tus buenas actuaciones como piloto, hay una anécdota sobre tu corta trayectoria como navegante que quienes te conocen dicen que es inolvidable. ¿La recuerdas?

Cuando empecé en los rallies, lo hice acompañando a mi papá. Yo era prácticamente debutante, pues habíamos largado juntos apenas un par de veces, y él estaba volviendo a la competición después de muchísimo tiempo, cuando las carreras eran distintas. Fuimos a La Serena, a caminos áridos y sumamente pedregosos. Había una chicana seguida por largos 1.000 metros, le canté mal una curva. Era una izquierda cerrada que no se veía y yo le dije que era derecha a fondo. ¡Cuando íbamos por el aire ya le estaba pidiendo perdón! Dimos cuatro o cinco vueltas. Salimos ilesos, pero el pobre auto se destruyó. Quizás fue un error al marcar las notas. Lo cierto es que desde entonces supe lo difícil que es ser navegante y a partir de ese momento empecé a pensar en cambiarme de lado.