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Tras su contundente debut y dominio en el Rally Alpinefahrt, en 1911 Laurin & Klement (hoy Škoda) quiso regresar a la carrera austríaca, que para esa edición se había alargado a 1.421 kilómetros, incluyendo una sección por el Paso Loibl con una pendiente de más de 30°.

Las reglas eran estrictas y demandaban que los motores nunca se detuvieran a lo largo de una etapa entre sus puntos de largada y llegada. Caso contrario, incurrirían en una penalización, al igual que si debían hacer alguna reparación.

Un comisario del automóvil club nacional se aseguraba de revisar que todo esto se cumpla mediante sellados y marcados, mientras que el arribo se reservaba a un parque cerrado no muy diferente al utilizado en la actualidad.

Increíblemente, los cinco ejemplares que llevó la marca checa completaron la prueba sin penalizar. Otto Hieronimus se llevó a casa el trofeo “Escudo de Plata”. Al año siguiente, el mismo piloto fue quinto.

Para 2013, la competencia montañosa se extendió aún más: 2.667 km. Laurin & Klement participó con sus modelos de serie. Rolls-Royce, por ejemplo, acudió con su Silver Ghost (Fantasma Plateado) de seis cilindros y caja de cuatro velocidades con relaciones cortas, pero Hieronimus volvió a salirse con la suya tanto como el Conde Sascha Kolowrat-Krakowsky, que evitaron cualquier tipo de hándicap.

Pocos meses antes de la Primera Guerra Mundial, la edición 1914 entregó otro gran espectáculo. Del 14 al 23 de junio, se recorrieron 2.932 kilómetros a través de 30 pasos. Hubo 75 anotados, de los cuales 50 vieron la meta, pero solo 19 sin penalizar, con el Conde Sascha otra vez en esa privilegiada lista.

Al lograr este cometido por tercera vez, se le adjudicó la Copa Desafío Alpino, que ahora se exhibe en el museo de Škoda en Mladá Boleslav. La fábrica bohemia, con más o menos autos, se las ingenió para ser protagonista de excepción de la afamada competencia con puntaje perfecto en sus cinco ediciones, un record que nadie más pudo igualar.

Apenas cinco días después de que todos volvieron a sus casas aquella vez, sonaron los disparos al archiduque austro-húngaro Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo, episodio detonante de la primera contienda bélica mundial. Por dicha razón, Škoda tuvo que esperar cuatro décadas más para volver a los primeros planos del que se convertiría en un rally más moderno el 17 de junio de 1955. Con un 440 ‘Spartak’, los checos se quedaron con las medallas de plata y bronce en la clase hasta 1.300 cc, mérito que repetirían en 1968 con un ejemplar de nueva generación y motor trasero.