0

La primera fecha mundial de la historia del Rally venía de una partida complicada, con atascamientos provocados por fuertes tormentas de nieve y tozudas decisiones de  parte de los organizadores de aquel Montecarlo de 1973, así que en su primera mitad, la carrera se fue distinguiendo -en lo deportivo- por dos causas fundamentales.

De a poco, algunos de los principales integrantes del siempre efectivo contingente italiano, como el Lancia Fulvia de Sandro Munari o un par de Fiat 124 Abarth oficiales fueron abandonando por diversos inconvenientes, en especial por el esfuerzo al que se sometieron procurando seguir el fuerte ritmo impuesto por los numerosos Renault A110 que con su motor trasero y su bajísimo perfil serpenteaban grácilmente por los helados caminos alpinos.

De su flota, habían ganado tramos renombrados pilotos aún jóvenes para esa década, como Bernard Darniche, Jean-Luc Thérier o Jean-Francois Piot, pero quien mejor se las ingeniaba para liderar era Jean-Claude Andruet.

No obstante, el principal escollo de Andruet se encontraba dentro de su mismo equipo y ni más ni menos que a sus espaldas, a poca diferencia. Se trataba del sueco Ove Andersson, un experimentado sueco que algunos años después dejaría el volante para fundar en Alemania el Toyota Team Europe con el que sucesivamente sería ganador y campeón en representación de la marca japonesa tanto en Grupo 4, como en los Grupos B y A.

Los Ford Escort dotados de impulsores 1.6  hechos en aluminio y suspensiones derivadas de la categoría Turismo habían arrancado bien, pero estos Grupo 2 tampoco pudieron hacerle sombra a las cupés francesas que se dirigían imparables al triunfo. De hecho, el mejor de los coches británicos fue el de Hannu Mikkola, honroso cuarto al final. El otro, en manos del también finlandés Timo Mäkinen, concluyó undécimo.

Opel quiso que sus Ascona corrieron aquí con cajas automáticas que necesitaban publicitar, pero la idea no resultó conforme a lo esperado y sus máquinas llegaron duodécima y decimotercera, respectivamente, tripuladas por los escandinavos Lillebror Nasenius y Anders Küllang.

Los Alpine A110 eclipsaron ni más ni menos que seis de las diez primeras plazas de la clasificación general, incluyendo un podio completamente teñido de un azul metalizado que le otorgó a la llegada un aspecto eminentemente galo.

Andruet se impuso en 5h42m04s a más de 73 km/h de promedio. Curiosamente, tras todo este tiempo y cinco etapas, apenas aventajó a Andersson por 26 segundos. Jean-Pierre Nicolas fue tercero a 1m35s.

Con Mikkola cuarto interponiéndose entre el resto de los defensores del rombo, Thérier completó la prueba quinto. Piot fue sexto, precediendo al Fiat de Raffaele Pinto, al Lancia de Harry Källstrom, a la Datsun 240Z del inglés Tony Fall y a otro Renault más, el de Darniche.

En esta competencia que marcó la inauguración del Campeonato del Mundo de Rally como tal se observaron otras peculiaridades. A la derecha del vencedor, la encargada de leer las notas fue Michéle Petit, una señorita registrada con el seudónimo “Biche” que luego se transformaría en una respetada profesional en el ámbito francés y que generaba curiosidad entre el público, los fotógrafos y los periodistas al bajarse de su auto. Como si esto fuera poco, ella lógicamente se convirtió en la primera mujer en subir a un podio mundial.

Bob Wollek, alsaciano de gran prestigio en la Fórmula 2 Europea, los GT y el Mundial de Sport Prototipos, futuro dominador de las 24 Horas de Le Mans, quiso probar suerte en los rallies y debutó con una 14° colocación absoluta sobre un Alpine semioficial.

Renault también disponía de unos ejemplares más nuevos, pero de menor cilindrada, llamados R-12. Con versiones de 1.300 c.c. potenciadas por la especialistas de  Gordini, dos juveniles volantes concluyeron 15° y 20°: Jean Ragnotti, pronto a convertirse un as de la disciplina y de esta escuadra en particular, y Patrick Tambay, quien más tarde ascendería a la Fórmula 1 con McLaren, Renault y Ferrari, por ejemplo.

De los prototipos también provenía Gérard Larousse, quien esta vez acabó 19° manejando un Alfa Romeo 2000 GTV y posteriormente se forjaría una laureada campaña como director de equipo y constructor en la Fórmula 1.

Las polémicas deserciones del tercer día, además de los retiros subsiguientes, hicieron que este 42° Montecarlo arroje una media bajísima de arribos: solo el 18%. En cifras, largaron 278 tripulaciones y llegaron 51.