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Marcelo Brizio tiene 45 años y lleva ya más de 15 compitiendo en Chile como copiloto a nivel profesional. Al igual que muchos de sus colegas en la lista de anotados de los rallies del campeonato COPEC RallyMobil, nació en la ciudad argentina de Córdoba, hijo de un navegante, Rodolfo, que solía participar con modelos como Fiat 128 y Peugeot 504 en una época romántica que marcaron los albores de esta modalidad del otro lado de los Andes más de cuatro décadas atras.

A Brizio no le costó heredar el gusto por los autos de carrera. Multifacético, primero incursionó en el periodismo especializado, a la vez que buscaba hacerse un camino activo en el deporte motor, cosa que consiguió como navegante. A la vez, es un habilidoso apasionado por la música. Toca piano y guitarra desde niño. Lo disfruta tanto que trata de dedicarle un momento diario a algún instrumento, casi a modo terapéutico, por lo general en compañía de su mujer (Inés) y de su pequeña hija (Franca) o en reuniones con amigos.

¿Cómo fue tu llegada al torneo COPEC RallyMobil?

Es increíble cómo pasan los años, pero llegué a Chile en 2006 de la mano del equipo Hyundai Gildemeister para correr en las cupé de la clase N3 en una formación de gente muy capaz. A mí me convocaron para competir con el barilochense Osvaldo Pirles, pero teníamos compañeros tan renombrados como los locales Eliseo Salazar y Ramón Ibarra y Ramón Ferreyros. El peruano llevaba como copiloto a un amigo y coterráneo mío, José María Rodríguez, que me recomendó. Para la temporada siguiente, la escuadra se redujo, pero Salazar siguió con un Mitsubishi Lancer y contó conmigo para este trabajo. En 2010, Luis Ignacio Rosselot me convocó para lo mismo 24 horas antes que lo hiciera Salazar y cerré trato con esta familia a la que acompaño en los eventos nacionales desde hace 11 años, una relación de larga data que prácticamente no es tan común en el ambiente y de la cual estoy más que satisfecho.

¿Todo ese tiempo te sirvió para hacer amistad con ellos?

Sin lugar a dudas. Amén de lo profesional, me considero amigo de toda la familia Rosselot. Hemos compartido muchos viajes, charlas e historias y fuimos campeones más de una vez, lo mismo que con su hermano Emilio. Quizás he tenido oportunidad de ir a otros equipos, pero la verdad es que no he querido porque siempre estuve muy bien con ellos, conozco perfectamente a cada mecánico y, además, valoro esa fidelidad. Ellos me han permitido desenvolverme en el automovilismo chileno, una actividad que disfruto plenamente.

¿Cómo se dio este cambio mediante el cual pronto navegarás a Gerardo (h) en la clase R3?

Es consecuencia de que Luis ya no quería conducir el Mitsubishi Mirage R5 al que ahora se subirá Emilio. Ambos tenían un proyecto de traer coches de ese reglamento, pero de otra marca, una idea que sigue vigente, pero para más adelante. Hasta que eso ocurra, con Luis haremos algunas fechas del campeonato Avosur en un Lancer Evolution X que tiene en óptimas condiciones. Entonces, en el certamen nacional, la lógica indicaba que el siguiente paso a dar por Gerardo (h) fuera una temporada completa con uno de los dos DS3 que poseen. A uno lo tripula Tadeo y el otro es con el que Emilio obtuvo el título 2019. Lo venía asistiendo Eugenio Carballo, quien avisó que no podría continuar y ahí entré en el juego otra vez. Mi nuevo piloto hizo dos fechas sobre un Renault Clio R3 y es un prospecto interesante por ser tan joven con sus 18 años y con mucho por aprender.

¿Harían alguna prueba de pre-temporada?

Estamos en contacto telefónico permanente para evaluar cómo evolucionan las cosas. Cuando todo se defina, sí nos gustaría hacer un ensayo, por breve que sea, al menos como para adquirir confianza con la hoja de ruta. Yo estuve analizando un par de sus cámaras a bordo. Es complicado probar con el Citroën porque Coyhaique queda lejos de Viña del Mar y la logística demanda trasladarse con mucha antelación. De pronto lo podríamos hacer en su zona, como ya me ha sucedido en otras ocasiones, ¡total yo tengo hasta mi propia habitación en la casa de Luis Ignacio! Gerardo (h) ya lo manejó al auto hace poco y me llamó contento con la impresión que le dejó, con sus reacciones y con los tiempos conseguidos. Por suerte, el DS3 es un vehículo a esta altura bien desarrollado por los ingenieros franceses de la fábrica que han venido a menudo a Chile.

¿A qué apuntan?

Conozco a Gerardo (h) y sé que es racional y trabajador. No saldrá a hacer locuras. Ojalá que yo colabore en su causa de ir progresando dentro de la categoría, sobre todo en el proceso de aprendizaje y de ir acercándose poco a poco a la punta. Su padre y su tío también lo aconsejan a cada instante y esa contención le resulta importante. No nos olvidemos que, aunque también están los Israel y los Heller, estamos hablando probablemente de la familia con más generaciones en la práctica del deporte motor. Si hasta su homónimo abuelo ya estaba al volante décadas atrás. Específicamente, en la serie COPEC RallyMobil, están desde su misma creación. Por mi parte, me siento agradecido por la relación que mantenemos y por la continuidad con el equipo.