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¿Todavía conservas los ecos de una temporada 2019 especialmente exitosa para ti y el equipo CBTech Škoda?

Los logros del año concluido inesperadamente durante el Rally La Unión-Río Bueno fueron la coronación de un trabajo programado desde principios de año que perseguía eso justamente como objetivo. Nos sentimos orgulloso por eso y más también.

En la historia de los rallies en Chile, eres quien más títulos ha capitalizado. ¿Éste último tiene más valor que los del principio de tu campaña?

Divido la respuesta en dos partes. Sí creo que fue la temporada más competitiva en mucho tiempo. No creo que necesariamente deba adjudicarle más peso que a otros campeonatos anteriores, pues -por ejemplo- a medida que he ido creciendo deportivamente o madurado en lo personal, valoro mucho más cuando me consagré campeón por primera vez de lo que lo pude haber hecho en aquel preciso momento.

¿Fue todo color de rosa el último año o hubo algún que otro traspié?

Bueno, la carrera en la que definitivamente quería obtener mi mejor resultado, es aquella en la que peor me fue, vale decir el COPEC Rally Chile válido tanto por el certamen nacional como por el mundial y con epicentro en Concepción, la ciudad donde nací y resido. Cuando se largó, sentí un apoyo más grande que nunca. Lamentablemente, en lo deportivo no terminó como me hubiera gustado y eso hace que hoy yo no juzgue a 2019 como una temporada perfecta. Está claro que desde esa fecha en adelante las cosas sí que salieron bien.

¿Cómo viviste en esa oportunidad el tramo que ganaste en tu categoría frente al resto de los pilotos mundiales?

Aunque en otro sentido, Pelún ya se hacía en 2005, aproximadamente. Ya por entonces yo solía decirle a Alberto Álvarez como si hablara de un sueño “¿Te imaginas lo que sería ver aquí un World Rally Car”? Cada vez que alguien me preguntaba cuál era mi especial preferido, yo siempre respondía sin titubear que Pelún. Cuando en abril pasado eso se convirtió en realidad, haber hecho el mejor tiempo contra volantes tan reconocidos como Mads Østberg o Kalle Rovanperä, por solo mencionar dos de muchos, es un recuerdo que voy a atesorar toda mi vida. Al principio, me costaba creerlo.

Como penquista, ¿recibiste con dolor la noticia de la cancelación del COPEC Rally Chile WRC 2020?

Honestamente, más que con un poco de dolor, con mucho. Sin embargo, entiendo las circunstancias por las que atravesó el país y la responsabilidad que tienen en tal sentido Felipe Horta como su promotor, COPEC como patrocinador principal y FADECH como ente rector del automovilismo en Chile. Era la fecha más importante del calendario, así que es obvio que nos apena la noticia, pero me parece que 2020 nos da a todos los que formamos parte de esta especialidad una oportunidad inmejorable de demostrar que el buen trabajo hecho a lo largo de dos décadas será un período provechoso para recuperarse y recobrar fuerzas. Seguramente iremos en el mapa nacional a sitios extremos como Coyhaique al sur, Iquique al norte o inclusive Perú para revitalizarnos. Mantengo las esperanzas de que Chile recupere su puesto mundial ya a partir de 2021. En realidad, soy un convencido de que así será.

¿Es la confiabilidad del Fabia en medio de un conjunto de muchos otros modelos competitivos de reglamento R5 lo que te garantiza tantos lauros?

Es uno de varios puntos que lo convierten en un gran auto. Si el Škoda no es el mejor, le pasa cerca. Tiene muchas virtudes, como esa fiabilidad, velocidad de punta, tracción, suspensiones, el comportamiento del chasis, etc. Tampoco hay que olvidar que las otras marcas son desarrolladas con el concepto R5 de idéntica manera que lo hacen los ingenieros d esta marca en la República Checa. Yo puedo hablar por el Fabia y por el coche tipo R5 que conducía antes, o sea el Peugeot 208, como para establecer alguna comparación básica, pero en verdad todos estos ejemplares son de primera y están en un muy buen nivel. A mí me da risa cuando alguien asegura que tal o cual marca es mejor que otra. La paridad de los R5 actuales es sorprendente.

Con tantos campeonatos ganados en Chile, ¿nunca te rondó por la mente la idea de participar en alguna serie internacional?

No solamente me rondó, sino que durante largo rato fue mi mayor ambición. Digo fue porque hoy por hoy tengo otras prioridades de vida, una familia, he sido papá hace poco y otros factores que ya no me hacen verlo como algo prioritario. Con esto no quiero que se me malinterprete: si aparece de repente la oportunidad de que un grupo de auspiciantes me consigue el presupuesto, por supuesto que me encantaría. Con 32 años, todavía soy joven para hacer algunas fechas aisladas fuera del país si se diera el caso. Les doy un ejemplo: la trilogía americana compuesta por México, Argentina y Chile, sería algo que me gustaría mucho. Ponerme a pensar en un proyecto en el Campeonato del Mundo WRC 2 o WRC 3 de por lo menos tres temporadas, para ver si llego a pelear la punta a los 35 o 37 años, es algo que me demandaría un tiempo y unas energías que dudo que tenga. En el futuro, ojalá yo le pueda aportar a una figura joven mi experiencia para ayudarlo en una causa como esa.

Durante la semana, en Concepción, Martínez deja de ser el “Niño Maravilla” que se divierte corriendo en autos y tiene que trabajar como el que más, ¿verdad?

Lamentablemente así es, jaja. Yo soy Ingeniero Civil e Industrial y me desempeño en la empresa familiar que me ha apoyado toda la vida desde mis inicios en esto. Soy bastante normal en el día a día y en la oficina, pero aún así le dedico a mi preparación a los rallies todo el tiempo que considero necesario para encarar a cada uno de ellos de la manera más profesional posible. Desde hace algunos meses, en casa también tengo que participar en el cambio de pañales o el acondicionamiento del triciclo y me parece que vengo bajando los tiempos en boxes. No ha sido fácil, pero me están sacando bueno. La verdad es que con la paternidad, he descubierto sentimientos hermosos que de otra forma no hubiera experimentado.

Has formado una unión muy próspera con tu copiloto, pero no te lo llevas a vivir a tu ciudad…

No, para nada. Hablando en serio, con Alberto he gestado una amistad que va más allá de ser tripulación en una competencia. Nos entendemos o con una mirada o con dos palabras, desde si necesito los audífonos en un enlace o dónde parar a almorzar mientras relevamos los tramos. A veces me da risa porque él hace su trabajo impecablemente, pero también porque me conoce demasiado. Yo soy más impetuoso y él sabe regularme en todo y lee perfectamente cómo plantear un rally a mi lado y cuándo calmarme justo cuando es preciso. Es como si hubiera hecho una maestría universitaria para entenderme como piloto. Después de todo, esa es la gracia de un buen navegante y él la tiene de sobra. Está un paso más adelante.