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Que sí, que no: el calentamiento global no es cosa del futuro, sino ineludible realidad del presente que tenido en jaque por varios días a los organizadores del Rally de Suecia y a quienes forman parte activa de la categoría, que debieron esperar una última inspección a los tramos escandinavos para finalmente confirmar que la segunda fecha del Campeonato del Mundo podrá realizarse del 13 al 16 de febrero.

Las temperaturas inusualmente elevadas que se venían registrando últimamente en la región de Värmland y en la frontera con Noruega, exactamente por donde pasa la carrera, obligaron al delegado de la Federación Internacional de Automovilismo Timo Rautiainen a recorrer la ruta prevista incluso hasta ayer, cuando el finés ratificó que había una solución para evitar la cancelación del evento.

La misma consiste en recortar el itinerario total a 180 kilómetros de especiales. Sin llegar al 75% (será más bien un 60%) originalmente planeado como el reglamento estipula que es preciso para entregar el 100% de los puntos, se ha recurrido a una curiosa excepción a la regla y determinado que la fecha sueca tenga validez total.

El jueves de la semana próxima por la noche comenzará la acción en Karlstad con la largada simbólica y el superespecial tipo espejo. Durante viernes y sábado, los participantes repetirán los caminos, cruzando a suelo noruego. De hecho, el país vecino alberga un tramo más que Suecia. El domingo, dos parciales cronometrados, incluyendo el Power Stage en Likenas, rematarán esta edición del clásico nórdico. Entre los lugares más afectados aparece el que ofrece el famoso salto conocido como Colin’s Crest.

Había muchos motives para acudir al rescate de este rally, pudiéndose citar –entre otros- que es la única fecha disputada íntegramente sobre un terreno tan particular como la nieve, que ocupa desde siempre su lugar como segunda cita en el calendario después de Montecarlo, compromisos televisivos y de agenda, el inicio del certamen Junior y la imposibilidad de encontrar un sustituto idéntico, aún cuando Canadá había levantado la mano para ello.