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Como explicáramos en la primera parte de nuestra publicación del 3 de junio, el Rally de Casablanca definía hace siete años un título muy peleado en la clase R3.

Jorge Martínez e Ingo Hoffman con Renault Clio y Tomás Etcheverry con Citroën DS3 eran los tres pilotos con posibilidades de quedarse con la corona, mérito que en definitiva le cupo al primero de ellos.

Etcheverry recuerda: “Llegamos a Casablanca bien posicionados porque el Citroën nos resultó un auto rendidor y porque pudimos armar un equipo que trabaja muy bien. Peleamos por la punta en casi todos lados y sumamos varias unidades después de ganar la primera fecha en Coyhaique. Es curioso que doce meses más adelante prácticamente se repetiría la historia entre nosotros tres. Faltaba el Motorshow, en el que nos impusimos, pero la realidad era que esta cita entregaba más puntos. Eran pocos tramos que se repetían, pero uno se destacaba por su extensión de casi 26 kilómetros, muy complicado y más aún con la neblina reinante. En ese sitio, le sacamos más de un minutos a nuestros rivales durante la primera etapa, con lo cual nuestras perspectivas eran muy buenas. Sin embargo, en la asistencia no nos percatamos que teníamos un conducto del fluido para frenos cortado. Mi copiloto, Diego Cagnotti, es uno de los más talentosos en la butaca derecha, pero quizás le mecánica no sea su fuerte como me pasa también a mí. Diego intentó en vano arreglar ese desperfecto. Lo que es más, se cortó un dedo en el intento. Sin frenos durante la mitad del día, no pudimos luchar de igual a igual con los demás”.

Javier Montero, navegante de Hoffman, dijo: “Casablanca solía ser una carrera muy entretenida, pero además era una instancia muy difícil por lo que parejo que estaba el campeonato hasta allí. La verdad es que el título era para cualquiera al momento de largar. Los primeros tramos fueron reñidos, pero de repente se dieron algunos golpes de escena, como el inconveniente con los frenos de Etcheverry, seguido al rato por un vuelco del que nos repusimos, pero con un semieje roto. Eso nos dejó con tracción en una sola rueda. En un vado, no pasamos, así que Andrea Gabutti nos ayudó en ese lugar con su Mitsubishi Lancer Evolution IX de la división N4. Después de todo, estábamos obstaculizando a los demás. Reparamos en la asistencia e hicimos el resto de la competencia. Terminamos quintos, pero se nos excluyó por ayuda externa. Apelamos, pero el reglamento estaba para ser cumplido, de modo tal que no hubo mucho más que hacer. Quedamos a 12 puntos de Jorge y el MotorShow daba 10. No obstante, el equipo Semameris dirigido por Nicolás Opawsky en Osorno remató una temporada con grandes resultados y llevando a cabo siempre una estupenda labor”.

Por su parte, Martínez declaraba: “Fue uno de los campeonatos más ajustados de los que conseguí en RallyMobil. Mis dos rivales anduvieron muy rápido durante la primera etapa, a tal extremo que yo quedé tercero ese día, detrás de Hoffman y Etcheverry. Para ser campeón, había que ganar. La única opción que nos quedaba era salir al todo o nada el domingo, cosa que habíamos conversado con la escuadra Cirkus, Alberto Álvarez y Felipe Espinoza la noche anterior. Por la mañana, nos enteramos de los retrasos del otro Clio y del DS3, con lo cual regulamos la marcha para asegurarnos esa posibilidad. Sin embargo, súbitamente empezó a fallar un sensor de levas cerca del final, en una especial que era la más larga de la jornada. El motor no solamente perdía potencia, sino que recalentaba y producía unos cortes muy extraños. Llegamos al parque cerrado con lo justo, desencadenando una definición imposible de olvidar”.