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Los rallies nacionales en Chile cobraron otra dimensión a partir de la temporada 2000, cuando el campeonato comenzó a llamarse oficialmente RallyMobil.

El calendario del nuevo siglo se conformó de siete eventos, de los cuales el quinto era el Rally de Temuco, del 28 al 30 de septiembre. Los paisajes de La Araucanía ya habían empezado a vestirse de colores primaverales. Por entonces, los autos turbo y de tracción integral de Grupo N estaban en su apogeo.

Ronald Küpfer tenía 43 años y un buen día, se sintió atraído por esta especialidad automovilística. Aunque no poseía mayores antecedentes ni había entrenado tanto, el santiaguino de apellido suizo y su amigo Gabriel Benoit se lanzaron a la aventura de los rallies. Alguna condición innata habrán tenido, puesto que en poco tiempo aparecieron peleando por los tiempos de punta.

Ambos venían disfrutando de lo que hacían, especialmente de las sensaciones que les ofrecía su Subaru Impreza WRX de la clase N4, la mayor en aquel momento. Hasta allí, José Celsi se había impuesto Viña del Mar, La Serena y San Felipe y Rolando Biénzobas en Concepción.

Le aconsejaron a Küpfer largar Temuco con alguien de cierta experiencia en la butaca derecha, así que se anotó con Carlos Peña. El desenlace sería inesperado para los dos, por lo positivo del final. El mismo piloto lo evoca así: “Cuando empezamos en RallyMobil, no teníamos una fracción de la experiencia de nuestros rivales. Lo hicimos sin preguntar mucho, llevados por el interés con mi amigo Gabriel. Estábamos en la parte final de la temporada cuando me sugirieron correr por los veloces tramos araucanos en compañía de alguien que los conociera más que nosotros. Durante las primeras competencias, nos dimos más de un susto porque el auto iba fuerte, en particular en relación a lo poco que nosotros habíamos competido. Alguna noche me quedé sin dormir por esas cuestiones. En mayo, pude subir al podio al ser tercero en Viña del Mar, así que quería algo más. Salí motivado ya en la mañana de la primera etapa y nuestros contrincantes se desorientaron con el buen ritmo que conseguimos. Más de uno se sintió presionado y hubo salidas del camino y algún vuelco. Por suerte, yo pude mantenerme en la punta del rally. El domingo, prácticamente ni en el equipo podíamos creer lo brillante que estaba saliendo todo. Al final, festejamos allí el primer triunfo, que siempre se recuerda de un modo grato, sin dudas. Esa fue mi mejor carrera, por la forma en que se dio. Diría que la elección está casi empatada con nuestro debut mundial en Argentina al año siguiente (2001), por lo tradicionales de su itinerario en las Sierras de Córdoba, el fervor del público tan numeroso y la oportunidad de participar al más alto nivel internacional. Nos retiramos tras golpear un cerro a la salida de uno de los tantos vados de la zona de Calamuchita, mientras veníamos aprendiendo la prueba en la segunda etapa. Quizás por eso pensé primeramente en Temuco. Y porque fue un fin de semana maravilloso”.

Ronald Küpfer se mantuvo un tiempo breve en la actividad, hasta 2003 en dupla con Sebastián Vera, pero en sus propias palabras admite que su paso por RallyMobil es el que le ofreció una parte importante de las vivencias más emocionantes que recuerda.