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Actualmente, Eduardo Kovacs es un nombre que aparece seguido en los resultados de vanguardia de las competencias del campeonato Copec RallyMobil. De hecho, es el nombre del actual subcampeón nacional en la clase R2. Desde el punto de vista histórico, lo interesante es que su padre y su abuelo no solamente se llamaban exactamente igual, sino que fueron precursores del deporte motor en Chile, una pasión que fueron transmitiendo de generación en generación durante décadas.

Quien actualmente practica el automovilismo de manera activa, recuerda a sus familiares directos con entusiasmo.

¿Cómo es la historia de tu familia con este deporte?

Soy heredero de un legado familiar que ya relacionaba a mi abuelo con las carreras de autos. Él se dedicaba al rubro textil, pero en esencia era tan fanático de los coches que se cambió de oficio por eso. Lo que es más, su presencia al volante en competencias argentinas hace más de 80 años lo llevaron a formar una amistad con el quíntuple campeón mundial de Fórmula 1, Juan Manuel Fangio. Se hablaban por teléfono a menudo. Mi tío Lionel también tuvo que ver con esos primeros años deportivos entre mis parientes, ya que compartió un vehículo con mi padre en las 12 Horas del Autódromo de Buenos Aires y las 6 Horas Peruanas en Lima. Pasó el tiempo y mi padre quería correr también, pero mi abuela no se lo permitía al principio porque todavía tenía 17 años y no se conseguía la licencia hasta los 18 por lo menos. Entonces, mi abuelo lo sentó de copiloto como para darle con el gusto. Cuando cumplió la mayoría de edad en Valparaíso, ya sí se pasó al volante y llegaron las transiciones a los NSU Prinz en 1962, los Mini Cooper S, el Turismo Carretera con la Liebre y la Fórmula 3 Chilena. En esta última categoría, la Federación de Automovilismo local dispuso una máquina para una prueba del Campeonato Sudamericano, seleccionando a quien quedara con el mejor tiempo en un ensayo ni más ni menos que entre él y otra gran figura nacional como Santiago Bengolea. Al imponerse, vivió ese privilegio.

¿A tu padre lo habías visto correr en motos antes?

Claro. Yo seguía a mi padre desde que él incursionaba por el motociclismo, concretamente en el Enduro. En ese momento surgió mi encanto por las dos ruedas. Para más, mi amigo Carlo de Gavardo me invitó a probar un auto del equipo Orion. Yo corría esporádicamente con las motos y después de eso me dije a mí mismo que tenía que sentir el gusto del automovilismo con mayor frecuencia. Lo único que me pidió mi padre es que lo hiciera con un Chevrolet, por nuestra vinculación comercial a esa marca. La sensación del rally me encantó porque le encontré atractivos similares a los del Enduro.

Tú tampoco te despegaste de la velocidad desde pequeño…

Obviamente que no, pues yo mismo siempre fui muy seguidor no solamente de lo que hacían en mi familia, sino que veía por televisión o seguía por las revistas categorías como la Fórmula 1 o el TC2000 argentino.

¿Cuál era tu plan hace un par de meses para tu campaña 2020?

Iba a seguir en el torneo Copec RallyMobil con el Opel Adam en la clase R2 e incluso había explorado la posibilidad de intentar algo con un R5, sin hacer hincapié en un modelo en particular. Por lo que tiene que ver con el Adam, el auto estaba completamente listo y alcancé a probarlo antes una semana de que se postergara la actividad.