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Luis Barra nació hace 35 años en Talcahuano (región del Biobio) y es el fotógrafo oficial del campeonato Copec RallyMobil™. Ejerce una ocupación en la que es testigo directo de la acción que tanto atrapa a los apasionados del automovilismo, contempla paisajes espectaculares a medida que va conociendo lugares y personas, pero también -en medio de sus quehaceres- se somete a los sacrificios propios de la actividad.

“Empecé tomando fotos de skate en 2006 siendo muy joven, las que se publicaban en distintos medios, especialmente revistas. Luego, me fui involucrando en otros deportes de tabla: snowboard y surf principalmente, para llegar finalmente al mountain bike y las motos. Eso me abrió el camino a lo que hago hoy en los rallies de Chile. Me relacioné a lo audiovisual desde niño porque en mi familia es común sacar fotos y grabar momentos que se convierten en recuerdos. En mi adolescencia, le quitaba la cámara Hi-8 a mi papá a escondidas para ir a andar en skate y filmarnos entre amigos, influenciados por todo el movimiento skater de esa época. Más tarde, estudié Comunicación Audiovisual y en ese momento nació el amor por la fotografía que, sin buscarlo, se transformó en mi profesión”, relata Luis.

“Mi primer acercamiento a Copec RallyMobil™ ocurrió en un Motorshow que se hizo La Moneda. Fue un evento muy especial y muy difundido porque implicaba cortar una arteria principal de Santiago y armar la pista por donde se correría al Palacio de Gobierno. ¡Quería estar ahí sí o sí! Fui como público, ya que no todavía no cumplía con los requisitos para ser acreditado, sobre todo por temas de seguridad. En 2014, tomé algunas imágenes informalmente en Laguna Carén, fui persistente con esta idea de ingresar al ambiente y, en mi tercer intento, conseguí incorporarme al personal fotográfico de la categoría, ayudado por un ejecutivo que concordaba con buscar material más espectacular, renovado y con otra perspectiva dada por mi experiencia con otros deportes extremos”.

Cada competencia se prepara con tiempo: “Una semana antes, elijo los equipos, que son revisados por el servicio técnico de Canon para mantenerlos en óptimas condiciones. Averiguo el clima, al ser un detalle fundamental para la preparación en terreno. Posteriormente, efectuar el reconocimiento de la ruta es clave. Es en esa tarea donde se definen los puntos donde nos ubicaremos: saltos, curvas, paisaje, la luz que habrá a la hora que pasen los vehículos, verificar si dispondré o no de conexión a Internet para realizar las entregas en tiempo real, etc.”.

“En cuanto al material que uso, gracias al apoyo del representante nacional de Canon, me desenvuelvo con cuatro cámaras (1D X Mark II, R5, R6, 7D Mark II), lentes  8-15 mm, 10 mm, 15 mm, 16-35 mm, 24-70 mm, 35 mm, 85 mm, 70-200 mm, 300 mm, dos flashes de 600w , disparadores remotos, trípodes, pedestales…¡y muchos terabytes en tarjetas y discos externos para almacenamiento y respaldo! Según el caso, se forman equipos de fotógrafos. Actualmente, yo no trabajo de forma directa con algún colega, pero sí estoy comunicado con el Departamento de Prensa para coordinar lo que hace falta para difusión, sitio web y redes sociales. Como hay otros fotógrafos en el camino con quienes nos conocemos bien, se forma un entorno grato en el que intercambiamos datos”, añade Barra.

“Entre los aspectos que más me llenan de este trabajo están conocer distintas regiones de mi país, ver el entusiasmo con el que el público llega a los tramos, el despliegue de sus banderas y todo lo que rodea a una carrera. A propósito de eso, mi recuerdo más importante es haberme desempeñando en el debut mundial de Chile en el calendario, dos años atrás. Fue una experiencia impresionante que, para más, se concretó en zonas por donde crecí”, rememora Luis. “Sin embargo, debo decir que el territorio chileno es privilegiado por su diversidad y porque nos habilita a fascinarnos con detalles que hacen única cada fecha. Vamos desde lo árido del norte a los bosques del sur, pasando por cielos nubosos, texturas, colores, lluvia, nieve, mar, cordillera”.

Como toda actividad de riesgo, priorizar la seguridad no es tema de discusión: “Siempre me ubico en zonas exentas de riesgo para mí o para los demás. Le doy preferencia a sectores altos, cuerdas internas de las curvas o sectores despejados lejos de los aterrizajes en los saltos. Para eso se inventaron los disparadores remotos, que nos permiten dejar las cámaras cerca del camino sin que nosotros arriesguemos nuestra integridad o nuestra vida por esto”.

Pese a que de su tarea se desprenden vivencias y fotos espectaculares, también hay una cuota extra de esfuerzo durante un rally: “Mi jornada típica es bastante larga. El despertador suena a las 6:00 o incluso más temprano. Tenemos que ingresar a las pruebas especiales 1h40m antes del cierre previsto. En cada tramo, empezando por el primero para no perderme tripulaciones, me muevo dos o tres veces para capturar diferentes tomas. A continuación, descargo la primera tanda de fotos y las envío a Sala de Prensa. Después, arranco hacia la segunda pasada de la etapa en otro lugar. Al final del día, vamos al parque de servicios, descargo todo el material, selecciono, edito y mando a una carpeta. En medio de eso, nos hacemos de un momento para comer algo que preparamos, hidratarnos o abrigarnos si hace mucho frío”.

¿Preferirá Barra alguna foto en especial de las que ha logrado captar? “Es difícil elegir una sola. La verdad es que hay varias entre mis favoritas, como las primeras del R5 de Pedro Heller, una estela perfecta de tierra levantada por Alejandro Cancio en Los Ángeles, el barro salpicado en la cita mundial de Concepción, el vuelo tan alto de Benjamín Israel en La Unión-Río Bueno, etc.  No obstante, si tuviera que mencionar una que me generó amor y odio a la vez, me inclinaría por una que yo quería hacer con reflejo. En el reconocimiento de ruta, no había donde fui un charco significativo, pero a la mañana siguiente se formó uno grande que no estaba en mis planes. Eso era un plus y un desafío, pues no hay muchas posibilidades de corregir la toma. El margen de error era muy alto. De ahí salía una foto increíble o un desastre. Instalé la cámara con trípode y disparador remoto. Cada máquina que pasaba, embarraba el lente por completo, así que a cada rato yo tenía que bajar el pedestal, limpiarlo y volver a encuadrar. Fue una situación desgastante, pero que valió la pena. La recompensa fue mayor”.