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En el Renault 5 Maxi Turbo, era común ver las carrocerías con faros adicionales colgados en la parte frontal y un alerón trasero de tamaño considerable. En las imágenes y fotos que circulan de este ejemplar suelen prevalecer tomas en el asfalto, pero ocasionalmente el modelo también bajó a la tierra, especialmente en países donde el campeonato nacional de la categoría mezclaba ambas superficies en los eventos de sus calendarios, como por ejemplo España o Portugal.

Para homologarlo, la firma francesa tenía que construir 200 unidades, pero debido a las pocas diferencias entre este modelo y el anterior, que era un grupo 4, una segunda habilitación del primer auto permitió que tan solo fuesen necesarios 25. Esto significa que para los coleccionistas serios de vehículos históricos es un ejemplar raro, preciado y -por supuesto- costoso.

El Maxi Turbo tuvo un debut glorioso en en Rally de Córcega de 1985 que consagró al siempre espectacular Jean Ragnotti, piloto francés que marcó una época en las competencias de su país, pero también en sus diversas apariciones internacionales. Curiosamente, el auto duraría en escena solamente un año más. También en el pavimento corso, François Chatriot le dio otro podio mundial al llegar segundo general doce meses más tarde. Pocos meses después de ese gran logro en la isla de Napoleón, Ragnotti se anotó otro gran éxito al imponerse en las 24 Horas de Ypres, clásica cita belga del Campeonato Europeo.

A partir de la abolición del Grupo B a fines de 1986, algunos se destinaron a carreras de tipo Rallycross, una copa monomarca de pista de corta vida, las 24 Horas de Chamonix sobre hielo o, como hizo Guillermo Barrera con dos de ellos para ganar algunas pruebas del certamen español de Tierra, convertidos a 4×4.

Por lo demás, este fue un auto de 25 triunfos nacionales en dos países: en Francia, nuevamente de la mano de Jean Ragnotti y Chatriot, y en el mapa ibérico, conducido por un juvenil pero ya sorprendente Carlos Sainz como doble subcampeón nacional, apoyado por la red de concesionarios de Madrid.

Como dato no menor, la segunda y última victoria mundial de este aparato fue mérito de Joaquim Moutinho, quien se impusiera como local en Portugal en la trágica edición del ’86 en la cual perdieron la vida varios espectadores mal ubicados al salirse del camino un Ford RS200, episodio que -sumado a otros- derivaría en el fin de ese reglamento.