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No erramos al decir que prácticamente desde recién nacido andaba por las carreras de autos. Es que su padre, Sergio, ya llevaba un buen rato como piloto y preparador. Sebastián Vera también heredó la pasión por el deporte motor y con los años, desde muy joven, se hizo de una excelente reputación como navegante, al punto de dictar cursos que resultan de mucha utilidad para los aspirantes.

Sebastián tenía 16 años cuando fue copiloto de Vittorio Bertero y Kurt Horta (subcampeones N4 con Subaru Impreza), cuando el campeonato Copec RallyMobil empezaba como tal (2000). Dos años luego, hizo una temporada completa con Cristóbal Geyger sobre un Chevrolet Astra de la clase N3, retornando a la N4 con Ronald Küpfer en otro Subaru, volvió a un Astra en 2006 pero con Juan Francisco Carrasco y, posteriormente, se mantuvo firme en la butaca derecha de Ruy Barbosa en un largo período comprendido entre 2008 y 2014 con coches tales como Mazda 3 y Honda Civic, repartiéndose entre la división N3 y más recientemente la R3.

Tras competir junto a Andrés Margozzini durante dos temporadas (Suzuki SX4 y Citroën DS3), en la primera de las cuales fueron campeones naciones N3, en 2017 y 2018 se sentó en el Renault Clio R3 de Cristóbal Ibarra. Eso fue antes de volver a subir de categoría, esta vez para correr en la mayor, la R5, el año pasado con Tomás Etcheverry en el segundo Hyundai i20 del equipo Point Cola Racing, incluyendo un debut mundial como local en Chile.

¿Qué recuerdos tienes de tus primeras épocas en esto?

Una mezcla de muchas cosas en las que entran la emoción de empezar a correr siendo aún adolescente, a mi madre pidiendo permisos especiales en mi escuela para que me dejen salir antes y viajar a los rallies, subirme en poco tiempo con pilotos ya consagrados que eran ídolos de la especialidad cuando yo era niño, los primeros podios y el cariño y apoyo que me brindaron todos.

Fuera de tus largos años en las competencias y tus excelentes resultados, ¿qué no se sabe necesariamente de Sebastián Vera?

En un momento, quise mejorar mi condición física y mi salud porque tenía sobrepeso. Llegué a ser cinturón negro de kickboxing, pero se me presentó la posibilidad de operarme para bajar varios kilos y la verdad es que me siento bien por habérmela hecho. Después de todo, el factor peso arriba de un auto de carreras siempre es un tema a considerar. 

¿Hay algún vehículo de aquellos en los que competiste que te haya impresionado más que otro?

Le guardo cariño a todos, pero tengo que admitir que este Hyundai es un sueño por donde se le mire. Yo venía de ser copiloto en un Volkswagen Gol 1.6 N2 casi estándar cuando de pronto me subí con Kurt a un Subaru Impreza N4, así que aquella vez me impresionó mucho el coche japonés, desde el momento en que puso primera con tanta fuerza.

¿En qué aspectos ha cambiado más la disciplina en los últimos 20 años?

Se nota más en el grado de profesionalismo con el que se enfrentan las competencias y los recursos disponibles. Eso hace que uno deba dedicarle más tiempo y análisis a cada evento. Sería injusto decir que ahora el ambiente es más competitivo, pues la rivalidad se va dando con lo que se tiene a mano en cada período. Por ejemplo, en 2002 había un campeonato de marcas que era influyente porque escuadras oficiales volcaban allí sus presupuestos y el nivel era alto. Pasó lo mismo a partir de 2005 con la división N3 y de 2013 en adelante con la R3. La evolución de los equipos y su infraestructura, de organización y de los autos es indiscutible.

¿Qué te parecen los R5?

Una maravilla. Hasta no hace mucho tiempo, no me imaginaba que podría correr en un medio mecánico con características tan positivas. Cuando llegó el primero de ellos a Chile se abrió esa opción y me propuse llegar a esa categoría. Poseen una elevada tecnología que requiere de bastante puesta a punto, pero esencialmente son máquinas que hacen todo bien, desde doblar a frenar y acelerar, todo con un grado de seguridad importante. De repente, exigen más, considerando que todo transcurre a una velocidad mayor, así que los errores pueden pagarse caro.

Desde 2020 trabajas con Martín Scuncio. ¿En qué se concentraron durante las semanas del verano que estuvieron en las Sierras de Córdoba probando el i20 antes del Rally de Toledo, primera fecha del Campeonato Argentino?

Nos concentramos en conocernos mejor arriba del auto a lo largo de una semana. Probamos mucho en caminos mundialistas, conversamos, bién conversando mucho y sacamos conclusiones de las veces en que nos aportó asesoramiento Gabriel Pozzo. Quedamos muy conformes con esa labor. Yo noté que Martín cuenta con un tremendo potencial con todo lo que aprendió desde muy joven en la pista y el Rally. Congeniamos desde el principio y quedamos motivados para cuando la actividad reinicie.